domingo, 8 de noviembre de 2009

Silencio



Sólo mi silencio aplaca las melodías,
dulces como cantos de sirenas,
engañosas como harpías.

Como el hilo de Ariadna
me sostengo entre el abismo sin final
o la lucha con mi Minotauro interno,
mi bestia avernal,
guardián de mis secretos,
fríos y duros como cemento,
maduros y podridos...
como mi sentimiento.

Así acaban siendo mis versos,
tristes y desolados,
como escribiendo sobre terreno yermo,
no hay Musas,
sólo alacranes y tarántulas
dispuestos a inyectarte su veneno
en el plasma de mis letras,
infección que se extiende
más allá de ser un simple poeta.

¡No me sueltes Ariadna!,
no tires muy fuerte del hilo,
que las Parcas no lo rompan
echando mi corazón al vacío del olvido.

¡Sujetalo con garra!,
para que me guíe por mis cavernas mentales,
y pueda descubrir al toro-hombre
que gobierna en estos parajes,
a la bestia come neuronas
y quema sentimientos,
al que pisotea sin escrúpulos mis versos.

Ayúdame a escupirlo de mis entrañas,
sin que Artemisa, transfigurada de musa,
te acuse de trasguedir las leyes,
llevándote ante la presencia
de Poseidón.....el cerebro,
dios de mi sangre,
señor de la linfa,
emperador de mi voluntad soterrada,
dueño de mi vida trastocada.

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