jueves, 26 de noviembre de 2009

Horas Bajas


Lacerantes cicatrices
que nunca cierran,
que siempre supuran el pus
de la malicia,
de la sangre en ebullición
por la soledad maldita,
que como conjuro maléfico
se afinca en mis carnes,
en mis sentimientos,
siendo un mar embravecido
de elucubraciones mentales.

Juro ante mi mental lápida,
ante el epitafio sagrado
que tenga a bien dedicarme alguien,
que intento sobreponerme
a ésta pérfida vorágine
que es mi vida,
juro que intento no implicarme
en horas baldías y perdidas
por un amor frío y distante.

Sacando a pasear
mis perros neuronales,
como soldados de la guerra
para que suelten toda rabia,
toda envidia y malicia
y se les enfríen sus mensajes apocalípticos,
para que me suicide;
pegándome un tiro,
saltando por el balcón,
echándome en mitad de una carretera,
o cualquier idea macabra
que se les ocurra.

Sabiendo que mis horas bajas
son peligrosas en extremo,
que mi voluntad flaquea,
y no tengo más apoyo
que escupir sangre
en estos demenciales versos,
que más bien parecen de un esquizofrénico
con trastornos bipolares entremedio,
que de un poeta que suda lágrimas ácidas
y llora sangre por sus oculares retinas.

Horas bajas de un próximo invierno
que sacude sentimientos soterrados,
que escarcha emociones encumbradas
en fuerte ventisca de mis internos yoes;
falsos profetas en decadencia,
hijos de puta.......de la demencia.

1 comentario:

  1. si los yoes son muy hijos de puta... un saludo!

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