viernes, 19 de marzo de 2010

No soy tu víctima, alma mía




Víctima de tu existencia barata
haciendo trizas mi realidad
en feroz desarmonía,
jactándote de tus exigencias
como poseedora de indulgencias
¡magnánima sea tu osadía!,
por llevarte como sombra hasta la fatalidad.

Poseedora de talento para mi infortunio,
mil vidas me haces revivir para tormento
de mi sinapsis neuronal,
locuaz hasta la extenuación,
convirtiéndome en sudores nocturnos
tus pesadas imágenes de falsa sabia,
y en continuos ósculos
de musa inspiradora en el plenilunio.

¡No atentes más contra mi integridad!.

¡No te regocijes ni te retuerzas
como Águila culebrera!.

Dame espacio libre,
que ladrillos en mi casa sobran para dos
sin agobios ni ansiedades ficticias,
ni máscaras de hipocresía
que hagan devaluar mi ya exprimida conciencia.

Restablécete en los albores de tu tiempo
y no hagas de tu nombramiento de alma,
un surrealismo cuántico
que ni tú entenderías,
por mucho que en otros planos vibratorios
disertaran sobre tus trabajos
en tus otras muchas vidas.

Y por favor,
suelta mis amarras,
déjame partir hacia el sol de mi destino
y no me lleves de pergamino
porque de mí no quieras separarte,
¡no soy la tinta de tus delirios,
ni el pincel de tus versos apócrifos!.

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