viernes, 20 de noviembre de 2009

Carroñeros



Paranoicos y desquiciados
destruyen el verbo dormido
de tanto gastarlo en fusilerías vanas
en palabrería amorfa, insípida,
especuladores de conciencias
dominadores de mentes ansiosas.

Gastan, derrochan el tiempo
en lúgubres discursos,
sean políticos, sociales o religiosos,
amantes de la incontinencia verbal
desde sus púlpitos elevan sus egos
bajando la moral de sus contrarios,
que como almas en pena se mueven
de aquí para allá,
de este sermón a este otro parlamento,
de opinión en opinión
sin formarse nunca su razón.

Carroñeros de votos unos,
mendigos de almas los otros,
se follan hasta su madre por unos votos
o por unos acólitos,
como dementes demonios del infortunio
en busca de perdidos del mundo,
de desechos morbosos en un plenilunio.

Ávidos de poder y la lisonja más demencial,
pactan y saquean lo que les viene en gana
mientras el resto pasa miserias y penurias,
¡hambre!,
enfermedades contagiosas,
impotencia ante la desdicha
que les ha tocado en suerte,
y sufren, sufren, sufren,
calladamente,
con total resignación,
¡oh!,
es la voluntad de Dios.

¡Es la voluntad despreciable del hombre!
hombres tiránicos,
religiosos fanáticos,
políticos corruptos,
de una subespecie que muy bien
le vendría investigar a Darwin,
¿descenderán de una evolución del simio
o serán un pariente lejano del tiranosaurio rex?.

Yo, todavía tengo mis dudas
sobre la evolución de estos depredadores
mal llamados...........hombres.

Carnívoros de almas
como sardinas en luna llena,
siempre teniendo reservas
donde alimentar sus hambrientos egoísmos,
manteniendo en su mar de los sargazos
encadenadas mentes a millones
satisfaciendo sus caprichos.

Todo por un pedazo de pan mohíno,
por un trabajo mal pagado,
por un Dios vengativo y desvencijado.

Todo, por nada.

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